Veinticuatro horas en la vida de un millennial
Una mirada a la obra
No suelo ser bueno en esto de las presentaciones, así que voy a ir directo al grano. No te voy a decir cómo me llamo. No porque no tenga nombre. Todo el mundo lo tiene. Aunque nadie lo elija. Es algo así como la familia, que te viene por defecto. Nadie elige a sus padres. Aunque ellos sí te elijan a ti. O, al menos, eso nos hagan creer. Otro ejemplo más de relaciones asimétricas. Como cuando uno ve a una mujer top con un tío muy feo. La asimetría económica siempre es evidente. Tampoco les voy a decir el nombre de la ciudad en la que vivo. No porque no tenga. Nadie vive en ninguna parte. Excepto Dios. Y se supone que Dios no hay más que uno. O eso me enseñaron.
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