La palabra que teje la vida
Una mirada a la obra
Hasta que amanecieran los deseos, hasta que despertaran los sueños. No desvanezcan mis dulces sueños, tras mis nítidos versos. Desistí por un instante de mis sueños, frente al miedo incansable de perderlos. Y AL BATIR DOS ALMAS AL UNÍSONO DEL HORIZONTE. Deshilachado en mi pecho, tu viejo lienzo dibujado. Volverán los sueños rotos, como un alma que despierta y anochece en su eternidad. Recréame en tu alma perdida, como un eco de mi voz dormida.
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