En el episodio galdosiano «La Estafeta romántica», hay una carta de Miguel de los Santos Álvarez, aquel “ingenioso y sutil holgazán”, amigo de Espronceda y de Larra, en la que podemos leer su impresión ante el cadáver del escritor: “... suspiramos fuerte y salimos, después de bien mirado y remirado el rostro frío del gran «Fígaro», de color y pasta de cera, no de la más blanca; la boca ligeramente entreabierta, el cabello en desorden; junto a la derecha el agujero de entrada de la bala mortífera. Era una lástima ver aquel ingenio prodigioso caído para siempre, reposando...