El corsario del Plata

Después de cuatro años de desdichas salpicadas por algún que otro éxito, la Revolución pareció entender que su suerte estaba tan ligada a caballos y desiertos como a veleros y mares.Fue un entendimiento a medias. Tibio. Hijo de urgencias. Casi un reflejo del instinto. Pronto los laureles de Brown en Montevideo se hicieron un recuerdo y todo volvió casi a cero. La flota del gobierno fue desarmada y vendida para atender a la guerra en el Alto Perú. Pero algo quedó. En medio de la anarquía de esos años, una inquieta legión de políticos, militares y comerciantes porteños se...


























































