Océanos para volar

«Siempre que volaba me ponía pensativa, y aquel día en particular me conmovieron la belleza del paisaje y su libertad. ¿A qué lugar pertenecía yo, ahora? Concluí que a ninguno, que había formado mi propio continente.» ¿Basta con tener flores silvestres, la falda del vestido como paracaídas, la luna llena a fin de mes y una reserva donde bañarse en verano?, se pregunta Luisa, mientras apoya su cuerpo sobre el barrote del barco. Corre 1930 y ella no sabe que su nuevo destino será arrastrado por un período oscuro, y que no es la tierra de anhelos sobre la que tanto ha leído. Se...


























































