EL ÚLTIMO DÍA DE UN CREYENTE

A mis dignos y queridos amigos, el Sr. y la Sra. John Russell, y al Sr. Thomas Randall; toda la felicidad en este mundo, y en el venidero. El siguiente sermón fue predicado por su importunidad, e impreso también por el mismo motivo. Sabéis que nada satisfaría vuestros espíritus más que la impresión del mismo, lo que finalmente me hizo estar poco dispuesto a responder a vuestros deseos; no porque me complazca negar vuestros deseos, ni porque lo aprecie, sino porque me pareció que no era lo suficientemente bueno para vosotros, ni digno del peso que le atribuisteis, ya que no era más...

